Thursday, March 15, 2007

Motos y ataúdes

Diálogo escuchado en el bus:

-Le he pedido que me regale entre una moto o un ataúd, me molaría dormir en uno, debe ser muy cómodo.
-¡Qué dices! Si sólo puedes dormir en una posición. Que te lo digo yo... Duermes como cuando te pones a dormir en un autobús.
-¿Y tú cómo sabes? No dirás que no mola ¿eh? Imagínate, yo con un ataúd en mi habitación. Eso si, no lo cierro, vaya claustrofobia que debe dar. Aunque no estoy muy seguro. Si me compran el ataúd, pues dormiré en él, pero si me compran la moto, igual puedo terminar en un ataúd.
-Joder tío no digas eso. Eso según como manejes pero uno nunca sabe. Hombre, mejor una moto que dormir en un ataúd...
-Pero Vespas no, como mínimo que sea una Kawasaki.
-¿Tu madre te dará el dinero?
-Está en el paro, por eso estoy trabajando pero no me puedo quedar el dinero. Si gana 800, puede darme 20 a la semana.
-¿Dónde trabajas?
-Es un palo... queda muy lejos, una hora diaria de viaje entre el tren y el bus.
-Te doy mi currículo para que lo entregues, si me dan trabajo, vamos juntos y ya verás que la hora se pasa volando.

Wednesday, December 20, 2006

IDENTIDADES A (DES)CUBIERTO

Se puede admirar el atrevimiento de dar la espalda a su mundo, o sonreír condescendientemente, ante la infantil ingenuidad de quien cree honestamente en la posibilidad de creerse otro. Y al estilo de aquellas mentiras, que evolucionan hacia verdades canónicas, repetirlo tanto hasta serlo de verdad.
Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948), autor de París no se acaba nunca, y Bartleby y compañía, propone una experiencia absurda y catártica a partes iguales en su ultima obra Doctor Pasavento. En ella, el lector es llamado a seguir el proceso, en primera persona, que transcurre desde las divagaciones en torno al escritor suizo Robert Walser (auténtico ídolo del protagonista, quien admira la capacidad de Walser para desdibujarse en sus escritos y el discreto apagamiento de sus últimos días en un hospital psiquiátrico) hasta la puesta en escena de sus obsesiones y manías, fruto de la gran exasperación que le produce la pérdida del anonimato.
Como un niño que juega incansablemente a los disfraces en medio de una constante burla, Vila-Matas satiriza las convenciones de la figura pública que cada individuo utiliza para interactuar con su entorno, el sinsentido del discurso retórico y grandilocuente que acompaña a la celebridad y las piruetas constantemente ejecutadas para mantener la veracidad de la actuación. Es una toma de consciencia acerca del baile de máscaras que a veces es la vida. En este caso, con una reacción que pretende combatir la falsedad del baile, llevada al extremo, como ilustra el siguiente fragmento:

Durante unos segundos, permanecí callado, irritado. ¡La realidad bailando con la ficción en la frontera! ¿Cuántas veces había oído decir eso? Decidí aceptar la invitación, pero dejando mi impronta personal, soltándole una rareza a quien me había invitado, sólo para que supiera quién estaba al otro lado del teléfono. «Está bien», le dije, «acepto la invitación. Después de todo, llevaba tiempo deseando reunirme con el dottore Pasavento.» Hubo un silencio. «Llevaré mi librea de hogareño», añadí tratando de decir algo aún más raro, y en este caso ya casi totalmente incoherente. «No comprendo», dijo entonces el que había llamado. «Tampoco yo entiendo eso del baile en la frontera», le contesté”.

A través de una cadena de coincidencias y señales de la providencia, el héroe de la historia dibuja su hoja de ruta a lo largo de 390 páginas, durante las cuales se embarca en la exploración de la multiplicidad del yo, como escape a una realidad poco satisfactoria. La contemplación de las virtudes y miserias propias, amplían la exploración a un afán de escapismo y aniquilación de un yo que quiere reinventarse, al estilo de la típica ilusión posmoderna del viaje a parajes remotos para encontrarse con uno mismo, bajo la presunción de que el verdadero yo aflora en el contexto de un entorno ajeno y accesorio. Ese yo que quiere buscarse a sí mismo a través de la inventiva. Al final no se es ni uno ni otro, sino un híbrido a medio cocer entre lo que es uno, lo que se cree que ven los otros, lo que se cree que se proyecta y lo que realmente ven esos otros. Al final se trata de la repulsa del propio sujeto, desgraciado y anodino, que busca el consuelo de la posibilidad de ser sustituido por otro más atractivo y diferente. Más maniático, más excéntrico. Más propio e íntimo por ser más desconocido.
La transformación del protagonista hacia otros personajes, con memorias inventadas o robadas de otros individuos cercanos, transcurre con lentitud pero de forma progresiva en el desarrollo de una obsesión por pasar desapercibido, que contrasta jocosamente con la desesperación por comprobar qué tan buscado es en el transcurso de su acto de desaparición. Las contradicciones internas de la gente tienen un efectivo ejemplo en semejante plan para quien busca desaparecer por medio de acciones muy poco discretas, que más bien apuntan a intentos desesperados por llamar la atención ante la certeza no aceptada de saberse ignorado por todos.
Es un plan no exento de ajetreos y repentinos viajes y cambios, que sin embargo, se ve complementado con la tranquilidad del ritmo pausado de la prosa del autor, que permite mantener la cordura a pesar de ser testigos de la locura o lucidez del protagonista, en una crónica detallada de sus paseos por los extremos posibles de la tragicomedia.
Cualquiera que en algún momento haya rechazado su presente y haya deseado desaparecer y diluirse en otra identidad, puede identificarse con la obra. Todos tenemos algo de mentirosos, ególatras y autocomplacientes. ¿Es tan diferente inventarse memorias nuevas en lugar de maquillar las existentes? Sin necesidad del ansia de rechazo, la supervivencia depende en ocasiones de la efectividad de las propias mentiras creadas para lamernos las heridas. Pocos son capaces de aguantar duras verdades, al menos, no por mucho tiempo. La realidad no es tan benevolente como para permitir la consumación del escape, pero de vez en cuando un Ingravallo o un Pynchon se asoman en el Pasavento que a veces somos todos.

Thursday, July 27, 2006

Maquillaje social de la discriminación

No pongo en duda el orgullo de los ciudadanos que son lo suficientemente afortunados para disfrutar de las bondades del llamado "Estado del bienestar", aquel estado que, amén del conocido lema revolucionario liberté, egalité, fraternité, garantiza la igualdad jurídica a todos sus ciudadanos a quienes defiende de la discriminación con nada más y nada menos que más discriminación. Tampoco pongo en duda el victimismo de unos y el paternalismo de otros, unos por otorgar a otros la responsabilidad de su éxito (o falta de) y otros por su genuino convencimiento de que son demasiados los pobres desgraciados necesitados de un impulso extra para prosperar en esta cruel dura vida. Será eso parte del perverso efecto colateral de tanto bienestar, que ahora nos inunda de corrección política con pretensiones de salomónica. Café para todos. Pero que el mío me lo sirvan, que mi brazo no llega. Ay de mi, que soy mujer y me siento afixiada en esta machista sociedad que no me deja salir adelante. Pobre de mi, que carezco de habilidad suficiente para subir peldaños laborales y exigir un salario justo. Soy tan patética que necesito ayuda de un gobierno intervencionista para encontrar empleo digno. Y eso que la nueva moda es decir lo beneficioso que es para la economía la incorporación femenina. Pero no por la obviedad de tratarse de un colectivo voluminoso, sino por eso que al feminismo cutre tanto le gusta predicar, eso de que las mujeres somos menos agresivas, más sensibles y cooperativas, entre otras bondades al estilo "porque yo lo valgo". Tanto luchar contra el sexismo para que luego me confirmen que me van a contratar por lo que llevo entre las piernas y no por lo que se encuentra entre mis orejas. Poco más y ya me vale ir de Mesalina, que seguro me divierto más. De lo contrario no me explico el ansia desesperada de nuestro gobierno socialista de equiparar el número de mujeres y hombres en los lugares de trabajo de manera forzada, con discriminación "positiva" y con impulsos económicos a las empresas que contraten mujeres. La igualdad a ultranza no es más que superficial y engañosa, irremediablemente abocada a la mediocridad mientras recurra a soluciones cosméticas para resolver problemas complejos. Discriminación es discriminación al fin y al cabo.

Tuesday, July 04, 2006

Desinformación interactiva

A propósito del desafortunado suceso vivido el pasado lunes por por los usuarios del metro de Valencia, llama mi atención que dentro del gran despliegue informativo de los medios, cosa normal siendo algo de gran magnitud, destaca el llamamiento a las colaboraciones de los usuarios en las versiones digitales de los principales medios del españoles. Testimonios, fotos apresuradas con el móvil o cámara digital, comentarios en foros y blogs, que a primera vista apuntan a estimular la participación social en la información, pero que pueden acarrear, como bien comenta el periodista Juan Varela en su blog, contaminación de información a base de amarillismos y teorías conspirativas innecesarias, además del morbo de las imágenes que concentran la mayor parte del tráfico de las páginas.
La obsesión por la interacción, tan propia de la que algunos insisten en llamar "sociedad de la información" (y digo algunos porque entre tanta basura mediática, hablar de información casi se antoja un un chiste, pero de eso ya hablaré en otra ocasión), comienza a reemplazar cosas más importantes como es el trabajo que tienen que hacer los periodistas, que más bien parece que delegan su función en las plañideras de la ocasión. No critico a la blogosfera pues cada quien es libre de decir lo que quiera en su propio espacio, pero una cosa es eso y otra es darle similar tratamiento que a la información estudiada, trabajada y depurada que (en teoría) se supone que deben mostrar los grandes medios informativos. Ya bastante espacio hay para anécdotas, pésames, fotos, tributos, y las cursilerías que nunca faltan. Pero la tendencia al alza es la de lo "cercano", que te cuenten las cosas como si fuera el vecino, porque las fuentes y los medios siempre tienen intereses y no lo dicen todo (actitud en parte fomentada por los mismos medios, tambien hay que decirlo), bajar el nivel informativo para hacerlo más atractivo, accesible y popular (Ay perdon! debería decir "democratización", seamos políticamente correctos) que cualquiera comente aunque no sepa nada del asunto, sólo por dejar su huella como panelista de un talk show: opinar sobre todo y no saber de nada.

Saturday, April 22, 2006